EL TERAPEUTA y LA FAMILIA

La verdadera manera para que la terapia funcione se basa en la interrelación entre los diferentes profesionales que trabajan con la persona y la familia de esta.

Ninguna terapia puede considerarse de manera aislada. Si deseamos un abordaje realmente adaptado a la persona o niño es necesario que yo, como terapeuta, sepa mucho de su mundo, de su rutina, de su mundo emocional también. Sobretodo con las personas con las cuales esta comunicación verbal no es directa porque no hablan, la familia representa el puente fundamental de conexión entre el niño y el mundo afuera.
Somos un equipo. Cuando empiezo a trabajar con un niño nuevo esto lo dejo claro y lo hago pidiendo la comunicación con otros profesionales que están trabajando con el niño y comprometiendo la familia con tareas, ejercicios diseñados exclusivamente para este niño a través de un test de reflejos, cuestionarios escritos e entrevistas verbales.

Muchas veces, delante de sucesos dramáticos de la vida o sencillamente cambios vitales, las familias no saben come gestionarlo con la persona con diversidad funcional.
En la sesión de musicoterapia, siendo una disciplina no verbal, es mucho más sencillo gestionar las emociones ligadas a estos momentos. Así que es muy importante que se establezca una relación de confianza entre el terapeuta y la familia. He averiguado que sin esta relación algo se bloquea, la persona no avanza cuanto podría hacerlo, simplemente no funciona y la relación terapéutica acaba disolviéndose.

Es un contrato, una relación y como tal tiene que tener el compromiso de lealtad, comunión … estamos luchando juntos para los mismos fines, somos compañeros de viaje, cada uno con sus herramientas, favorecemos el proceso de la persona que necesita nuestra ayuda.

El terapeuta, así como yo lo veo y me gusta hacer, es un apoyo para la familia. Un terapeuta tiene que saber dar respuestas, y sino decir que no sabe, documentarse y derivar a otros profesionales. Un buen terapeuta debería estar continuamente formándose y actualizando los resultados de su trabajo.

Una relación terapeuta es quizás algo más que una relación, es un micro-hábitat especial con la energía y el compromiso de las personas que están en ello. Una relación terapéutica es necesariamente paritaria, así como yo la vivo, donde el terapeuta nunca se impone en el proceso de la persona que ayuda y en aquello de su familia sino que acompaña y guía desde el más profundo respeto y con amor.